De cómo leer libros escritos por mujeres puede salvarnos la vida…o hacerla mil veces mejor

“Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida”.
Ana María Matute

Virginia Woolf escribió “En diversas ocasiones anónimo fue una mujer”. A estas alturas parece que sobra decir los diversos ámbitos en los que el trabajo realizado por mujeres ha sido  menospreciado, invisibilizado, condicionado y hasta censurado; si bien es cierto que esta situación ha ido cambiado en los últimos años, es innegable admitir que aún estamos lejos de vivir en una sociedad con equidad de género en donde las mujeres accedan a una vida en igualdad de posibilidades.

El campo de la literatura es, sin duda, un espacio más en el que las mujeres han tenido que abrirse camino para ser escuchadas. En el siglo XIX gran parte de las mujeres escritoras tenían que publicar con un seudónimo de hombre para ser tomadas en serio y aspirar a la publicación de su trabajo. Parece un tiempo muy lejano, pero hoy en día muchas mujeres prefieren publicar sólo con sus apellidos, pues las editoriales reconocen que los libros más vendidos son aquellos escritos por hombres.

Tenemos una deuda histórica muy grande que resarcir y, a pesar de que muchos cambios han pasado desde  la época en la que las mujeres debían ser hombres para poder escribir, lo cierto es que esa brecha sigue existiendo en el campo literario. La producción de escritoras es y siempre ha sido prolífica, sin embargo incluso hoy en día es mucho más sencillo enumerar hombres escritores que mujeres escritoras. El Premio Cervantes, por ejemplo, únicamente ha sido concedido a 4 mujeres desde 1976, mientras que se ha entregado a 37 hombres. El Premio Nobel de Literatura ha sido concedido a 15 mujeres frente a 101 hombres.

No se trata de abrir espacios de producción y participación que se estanquen en cubrir una cuota de género, sino en buscar una participación real tanto en la producción como en el consumo cultural que permita asomarnos a lo que las mujeres y niñas de diferentes contextos quieren decir.

El año pasado con motivo del día de las escritoras, IBBY México inauguró en su Biblioteca BS-IBBY México la exposición Mujeres que leen, mujeres que escriben. La exposición tuvo como objetivo visibilizar el amplio acervo de mujeres escritoras, traductoras e ilustradoras que conforman gran parte de nuestro acervo; pero también invitó a las y los participantes a dialogar sobre los prejuicios que aún existen en torno a la escritura de las mujeres.

Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura 2018, escribió: “Como escritora, por fortuna tengo el poder de crear un mundo donde las mujeres tienen poder. Tengo la sensación intensa de que hay dos mundos paralelos: el percibido de forma tradicional y el mundo de las mujeres. A menudo no son compatibles.” La representatividad que las niñas y mujeres encuentran en la literatura es un punto de partida para concebir el mundo como un lugar diferente, un espacio donde tenemos las mismas posibilidades de ser científicas, amigas de dragones, matemáticas, brujas, pintoras y hasta robots, si queremos. La ficción nos construye un mundo seguro en el que nosotras contamos la historia en tanto somos capaces de leerla y reconocernos en ella.

Pero no es suficiente. Ante el imparable contexto de violencia que somete a las niñas y mujeres en este país, la lectura es sólo una herramienta más para hacerle frente, para poder sentirnos libres y acompañadas en el día a día. Ya lo escribió Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, “debe haber otro modo de ser”. 

[…]  No es la solución

escribir, mientras llegan las visitas,

en la sala de estar de la familia Austen

ni encerrarse en el ático

de alguna residencia de la Nueva Inglaterra

y soñar, con la Biblia de los Dickinson,

debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser

Compartamos, leamos y escribamos juntas mundos que las niñas puedan encontrar como refugio, que las adolescentes quieran contar con esperanza y que las mujeres reconozcan como un logro más de una larga lucha por nuestros derechos.

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